sábado, 17 de septiembre de 2011

MAGIA NATURAL ENTRE LOS INDIOS AMERICANOS

 
MAGIA NATURAL ENTRE LOS INDIOS AMERICANOS  
No es nada fácil hacer un resumen del pensamiento mágico de este maravilloso pueblo, que supo y fue capaz de vivir en perfecta armonía con la Tierra y el Cielo, respetando los ecosistemas en constante comunicación con lo invisible. Pero es tanta la pasión y la admiración que despiertan en mí, que lo intentaré en homenaje a ellos, mis Valientes Hermanos de las Praderas.  
Escuchemos algunas de sus enseñanzas, sencillas, profundas, inmensamente humanas y mágicas a la vez. Para ellos todo en la Naturaleza no eran más que las “sagradas extensiones vivientes del Gran Misterio”, conformando la Familia Planetaria. Consideran que todo tiene Vida. Y a cada parte de la Creación como un maestro potencial que dicta lo que debemos aprender sobre nosotros mismos. La Abuela Luna (Nisa) era su guía, desaparecía y volvía, mostrándose llena 13 veces al año. El caparazón de la tortuga lleva las 13 lunas englobadas en un círculo que denominan el Aro Sagrado o la Rueda de la Medicina. Este círculo representa las relaciones sagradas entre todas las fuerzas de la Vida y el camino de la Madre Tierra alrededor del Abuelo Sol. Los círculos u órbitas de los planetas que confieren Unidad y Armonía a la Vida.
La generosidad es la clave para trabajar por el bien de los seres vivos. Compartir nuestros dones y los beneficios que recibimos es el modo más natural para ampliar entre todos los límites actuales del potencial humano. Entregando nuestras cualidades y entregándonos  a nosotros mismos a los demás, como hace todo en la Naturaleza. Recorriendo los caminos de la Belleza y la Armonía de los Antepasados, constataremos que  mágicamente esto nos procura curación en cualquier circunstancia, lo que requiere respeto y compasión hacia nosotros mismos y hacia los demás. Honrando los vínculos que existen en la Familia Planetaria, reforzamos el enlace entre lo visible y lo invisible, haciendo posible la comprensión del misterio y la alegría en los corazones.
Los niños aprendían de los Ancianos todas las lecciones necesarias para desenvolver sus mejores cualidades o dones, tomando como Maestra constantemente a la Naturaleza. La observación y el estado de alerta eran imprescindibles para saber y comprender en todo momento lo que ocurría dentro y fuera de ellos mismos. Adquirían, por este medio, el valor de aceptar la verdad de una situación y a no negar las cosas como eran. Destruyendo la negación, mediante la aceptación y el compromiso, miraban hacia el futuro con confianza y convicción. Era fundamental, honrarse a uno mismo, nuestros papeles, nuestras capacidades, nuestros talentos, pues son cosas sagradas para compartir con los demás.  
El respeto de los demás se ganaba hablando honestamente, actuando en momentos de crisis, contribuyendo con generosidad, empleando la sabiduría en la toma de decisiones y siendo fiel a la familia y a los amigos, siendo dignos de confianza toda la vida. Una mala conducta, la pereza, la falta de respeto hacia los Ancianos o las críticas a los demás descalificaban a la persona para el mando. En resumen la manera como vivían la vida, era  el modo con el que se ganaban el derecho a ser dignos de confianza 
Entender a los seres humanos sólo es posible cuando se ha llevado la carga de otras personas, cuando se han escuchado sus palabras, cuando se ha sentido su dolor, se ha observado sus acciones y se ha recorrido su camino, compartiendo sus mayores anhelos y aspiraciones, compartiendo sueños y pesadillas. Sólo así podremos ver más allá del exterior y entender nuestra común humanidad. Descubriendo en su interior la llama eterna del Amor que nos une.
Los Antepasados decían que cuando juzgamos a los demás por sus defectos hemos perdido nuestro equilibrio y nuestra conexión personal con el Creador. Ellos enseñaban que “Jugar a ser Dios” no está hecho para el genero humano. Al contrario los dotados se dirigían a su interior, examinando y trabajando sus puntos débiles. Gracias a un frío autoexamen, estos individuos no señalaban nunca con el dedo a los demás. Simplemente optaban por mantener la dignidad de su paz interior, por eso eran  llamados Fieles y Pacificadores. Los verdaderamente sabios escogían permanecer humildes, modestos y bellamente humanos. Caminando suavemente por la Madre Tierra, abrazan el amor de Ser sencillamente. La esencia que enciende y alimenta su pasión por la vida, nace de sus deseos de experimentar y mostrar compasión hacia Todos. Era allí justamente donde nacía siempre el equilibrio y la armonía.
Sabían que dando su apoyo a todo aquello que es creativo y positivo en nosotros, nuevas fuerzas fluyen sin ayuda hacia nuestro ser. Y también que los sentimientos de impotencia y desconfianza en la persona controlada por la propia sombra, hace que no puedan evitar herir a los demás. Otros están desesperanzados porque se han rechazado a sí mismos con pensamientos negativos, dando a la sombra la fuerza para devorar su alegría y su autoestima. Nos enseñan que el núcleo de la curación llega cuando hacemos las paces con la sombra, en lugar de temerla. Hay que honrar la propia fuerza para curarnos, entonces ella retorna. “La paz viene de la aceptación, de la verdad y no de la mentira”. Es necesario amarnos a nosotros mismos y a los demás sin prejuicios y con sensibilidad. La fe y la confianza nos permitirá dejar de calificar y mirar la vida como simple existencia de la que todos tenemos mucho que aprender.
La determinación de ser útil a los demás, es lo que convierte a los valientes y generosos en extensiones infinitas de la creación del Gran Misterio. Al no olvidar la Unidad honramos el flujo de la Creación, que desde la Fuente donde nace,  fluye y fluye conectándolo todo a través de la red que genera el Amor. A través del corazón abierto podemos conocer la magia… entonces las puertas se abren y la intuición recoge de sus señales, las respuestas que busca poniendo atención a las pistas que nos ofrece el Misterio de la Vida. Quien logra ser un sensible testigo que la observa atenta, consigue que el corazón le otorgue la Visión silenciosa, entonces escuchamos su voz, los susurros sagrados que captamos gracias a El. Esa voz nos va conduciendo a la paz interior, donde podemos vivir en armonía con nuestro Ser.
El gran Misterio puso la Llama Eterna del Amor en el interior de Todos y Todo. De este modo, se puede producir la conexión, que nos convierte a todos en una familia, y es igualmente el punto de unión que mantiene la Creación unida. Estando en paz con uno mismo y con toda la vida, honramos las conexiones con la totalidad sin juicios. “El Amor es una piedra preciosa de muchas caras que da a los humanos la fuerza que necesitan para superar los desafíos de la vida”. Nadie puede vivir sin amor. Cuando sentimos que somos amados de verdad, nuestra fuerza vital se fortalece y nuestros dones crecen. Incluso al borde del precipicio interior más grande, las lágrimas, las palabras de consuelo, un gesto de amor por parte de algún ser querido, logra curar inmediatamente con su poder nuestro corazón malherido. Ciertamente la mejor y más rápida medicina es el Amor verdadero.
Un joven guerrero le preguntó a su abuelo sobre el Valor verdadero y éste le contestó: El Valor toma muchas formas. “Es la disposición para escuchar, la fuerza de convicción, la intrepidez de la decisión. La voluntad para que la visión de tu corazón te guíe en tu camino. No vacilar ante distracciones o facilidades, Es el deseo de ser honrado, de estar en conexión con el Creador para honrar a la tierra y a todos los seres vivos con humildad. Sobre todo, se muestra el valor verdadero cuando una persona quiere caminar con la verdad, sin herir nunca a otro ser vivo, sin importarle la oposición que pueda encontrar”
Igualmente una pequeña le confesó a su Abuela: “Estoy preocupada porque no camino suavemente encima de la Madre Tierra y esto hace daño a mi corazón”. La Abuela emocionada le contestó con lágrimas en los ojos: “Caminar suavemente por la Madre Tierra significa caminar con respeto en tu conducta, con un centelleo en tus ojos, con amor en tu corazón, y alabanzas en tus labios, pequeña”.
Extraordinario pueblo realmente… Eran tan ricos espiritualmente, que necesitaban bien poco materialmente, lo básico para sobrevivir diariamente. Su riqueza nacía de su noble y bravo corazón, de su honradez y su sinceridad. A través de El se sentían conectados al Gran Misterio que dejaba fluir constantemente todas sus riquezas, como un rio hacia sus Almas. Por esto tampoco tenían miedo de la muerte y podían cantar y reir frente a ella.  Sabían, sentían que simplemente un velo los separaba de lo invisible. Ese que para el corazón abierto desaparecía, pues ante él, todas las puertas cedían y responden.
Los espíritus siguen cabalgando en el viento, siguen hablando en las aguas y en la tierra generosa dándonos mensajes. Cuando nos llenamos de preocupaciones materiales, pasajeras, intrascendentes, nos volvemos “ciegos, sordos”. Que bien nos vienen para “curarnos” sus enseñanzas, sus consejos, su humanidad y sensibilidad.
Escuchemos en silencio los susurros del corazón, recordemos…recordemos. De su mano podremos recuperar todos los tesoros perdidos, que harán retornar la magia natural que se gesta en su interior. 

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